¡Hasta cuando la corrupción! (II)
Habla el Editor
Este día 15 de octubre del 2020, en horas de la mañana presencié cómo el organismo DGCIM se llevaba detenida a una teniente de la estación de servicio La Campiña, instalación ubicada en Cabudare, estado Lara, supuestamente, porque la funcionaria tenía un “jujú” con alguien; o mejor dicho, su negocio, cobrando en verdes, para pasar vehículos a surtir combustible.

La pregunta es: ¿Está tomando medidas el gobierno para erradicar la corrupción o, sencillamente, ésta teniente comía sola y no repartía nada?
¿Quién nos contesta esa interrogante?
En reiteradas oportunidades a través de este medio he dicho que una forma de combatir la corrupción es concentrarnos en recuperar la educación de los valores perdidos, especialmente el valor de la integridad, ese que sin mayores aspiraciones sea el de moldear una ciudadanía y un ciudadano al que se le haga mérito que forma parte de una sociedad de honestos, que es una pieza integral de un proceso de transformación dirigido al desarrollo de nuestro país y de nuestro estado, que se sienta que pertenece a una comunidad de valores, que los respete y que tenga por qué y razones para respetarlos.
La aceptación de la corrupción, como si fuera parte de la sociedad, como si fuera un hecho común, así como el desaliento generalizado que siente otra parte de la misma sociedad, que la rechaza y, la repudia, debe ser lo primero que se debe enfrentar.
Pero no es fácil hacer cambiar a las personas de un mal tan grave como lo es la corrupción, debido a que con mecanismos sensibles a vulnerabilidad nunca podremos llegar a erradicar este mal, como tampoco es imposible reunir el 20% del electorado y hacer un llamado al CNE y solicitar un referendum consultivo a fin de erradicar este mal mediante la solicitud de consulta popular con el fin de que, sea el pueblo el que autorice modificar la Constitución implantando, si no la pena de muerte, por lo menos medidas drásticas y ejemplarizantes para aniqular este mal que nos está desangrando.
A Los integrantes de nuestra Fuerza Armada y Policial habría que preguntarles si cuando decidieron integrar esa digna fuerza lo hicieron por vocación de servicio o simple y sencillamente era por levantarse un dinero rápido, porque, para nadie es un secreto y, eso lo saben bien las autoridades competentes, desde la cabeza del ministerio hasta el perro antidrogas que está en las fuerzas policiales, que allí pasa algo.
«Basta con preguntarse si con el sueldo que gana un funcionario le alcanza para pagar tantos lujos que en algunos casos se dan y exhiben, desde un simple almuerzo en un lujoso restaurant, pasando por mansiones, vehículos, fincas y avionetas, hasta llegar a yates 5 estrellas«
Sería interesante también, y de muy buena salud para el pueblo, que cada ministerio hiciera un análisis sobre el tema y pusiera mano dura a sus funcionarios, porque, desde el más simple custodio: Como lo es un policía municipal que, anda en una bicicleta y que su función específica es velar por el cumplimiento de las normas municipales, éste, sale de sus funciones y, por ejemplo, detiene a un vehículo porque está incumpliendo una ley de tránsito, pero, no lo hace porque esté violando la ley, o por su vocación de servicio, sino porque, ahí está la mascada, esa “mesada” o mascada que representa el colofón del día.
Es más fácil amedrentar al propietario de un vehículo que, seguro se bajará de la bestia, que, amonestar a un peatón que esté tirando un papel en la calle, o atravesando una vía por donde no es debido, que al infractor de la vía. ¿Para qué perder el tiempo llevándose detenido a un peatón si se puede amenazar a un conductor? En consecuencia, esa víctima del Estado ausente termina, por no ir detenido o, para evitar el mal rato en una estación policial, cayendo en las garras de la corrupción, profundizándola.
Desde esta tribuna hemos hecho y seguiremos haciendo un llamado al gobierno, a todos los ministros, gobernadores y alcaldes del país para que, reflexionen y, hagan un reclamo a sus jefes de policías, para que, tomen las riendas con el fin de, dictar cátedras constructivas que, permitan una transformación total hacia una nueva Venezuela, para así, contribuir a alcanzar la patria grande que, queremos todos: ¡Libre de corrupción!
Ese es el imperativo a hacer.
Victor Julio Escalona.,
Editor semanario Vierne5.com

